martes, 6 de noviembre de 2012

El Producto Interno Bruto en Venezuela


El Producto Interno Bruto (PIB) es un indicador de la productividad nacional, estrictamente dentro de los límites geográficos de la nación, independientemente de que se trate de empresas nacionales o extranjeras.  El Producto Nacional Bruto, en cambio, excluye la producción de extranjeros en el país e incluye la producción de los venezolanos en el extranjero. El PIB está formado por la sumatoria de los ingresos generados por las actividades económicas desarrolladas en el país, las cuales se clasifican del siguiente modo:


Actividades Petroleras 
     Explotación
     Refinación
Actividades no Petroleras
   Productoras de Bienes
     Agricultura  
     Minería
     Manufactura
     Electricidad y Agua
     Construcción
   Productoras de Servicios
     Comercio 
     Restaurantes y Hoteles
     Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones
     Instituciones Financieras y Seguros
     Bienes Inmuebles 
     Servicios Prestados a las Empresas 
     Serv. Comunales, Sociales y Person. y Privados
       No Lucrativos 
     Productores de Servicios del Gobierno General
Menos: Serv. Banc. Imputados 
Mas: Derechos de Importación 

 

El PIB puede ser contabilizado en valores nominales (bolívares corrientes de cada año) o en valores reales (bolívares constantes de un año base determinado). Para determinar la verdadera situación de la economía, generalmente se calcula la variación del PIB real, la cual nos dirá si la economía ha empeorado (cuando la variación es negativa) o ha mejorado (cuando la variación es positiva). De igual modo, para tener una aproximación a las posibilidades de alcanzar un adecuado nivel de vida, se calcula el PIB percápita y la variación del PIB percápita. Una disminución del PIB percápita real significaría una reducción del nivel de vida de la población, en tanto que un aumento del mismo podrían indicar una elevación en los niveles de vida. Sin embargo, esto colide con el tema de la redistribución y la equidad.

Puede descargar los valores del PIB anual real y nominal (desde 1997) o trimestral (desde 1997) , o PIB real anual por actividad económica (1950-2010)



“Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías”: Jorge Beinstein


Aceleración de la crisis (cambio de discurso).

El fatalismo global abandona su máscara optimista neoliberal de otros tiempos (que sobrevivió durante el primer tramo de la crisis desatada en 2008) y va asumiendo un pesimismo no menos avasallador. En el pasado los medios de comunicación nos explicaban que nada era posible hacer ante un planeta capitalista cada día más próspero (aunque plagado de crueldades), solo nos quedaba la posibilidad de adaptarnos, una ruidosa masa de expertos avalaban las grandes consignas con argumentos científicos irrefutables (los críticos no podían hacerse oír frente a la avalancha mediática). A eso se le llamó discurso único, aparecía como un formidable instrumento ideológico y prometía acompañarnos durante varios siglos aunque duro unas pocas décadas y se esfumó en menos de un lustro.

Ahora la reproducción ideológica del sistema mundial de poder empieza a acudir a un nuevo fatalismo profundamente pesimista basado en la afirmación de que la degradación social (desplegada como resultado de "la crisis") es inevitable y se prolongará durante mucho tiempo.

Como en el caso anterior los medios de comunicación y su corte de expertos nos explican que nada es posible hacer más que adaptarnos (nuevamente) ante fenómenos universales inevitables. Como cualquier otra civilización, la actual en última instancia controla a sus súbditos persuadiéndolos acerca de la presencia de fuerzas inmensamente superiores a sus pequeñas existencias imponiendo el orden (y el caos) ante las cuales deben inclinarse respetuosamente. El "mercado global", "Dios" u otra potencia de dimensión oceánica cumplen dicha función y sus sacerdotes, tecnócratas, generales, empresarios o dirigentes políticos no son otra cosa que ejecutores o intérpretes del destino lo que de paso legitima sus lujos y abusos.

Así es como en Septiembre de 2012 Olivier Blanchard, economista jefe del Fondo Monetario Internacional anunciaba que "la economía mundial necesitará por lo menos diez años para salir de la crisis financiera que comenzó en 2008" (1). Según Blanchard el enfriamiento durable de los cuatro motores de la economía global (Estados Unidos, Japón, China y la Unión Europea) nos obliga a descartar cualquier esperanza en una recuperación general a corto plazo. Aún más duro en agosto del mismo año el Banco Natixis integrante de un grupo que asegura el financiamiento de aproximadamente el 20% de la economía francesa publicaba un informe titulado "La crisis de la zona euro puede durar veinte años" (2).

Nos encontramos ante un problema que difícilmente puedan resolver las élites dominantes: la cultura moderna es hija del mito del progreso, una y otra vez pudo cautivar a los de abajo con la promesa de un futuro mejor en este mundo y al alcance de la mano,eso la diferencia de experiencias históricas anteriores. Las épocas de penuria son siempre descriptas como provisorias preparatorias de un gran salto hacia tiempos mejores. La reconversión de la cultura dominante en un pesimismo de larga duración aceptado por las mayorías no parece viable, por lo menos es de muy difícil realización exitosa no solo en los países ricos sino también en la periferia sobre todo en las llamadas sociedades emergentes. Solo poblaciones radicalmente degradadas podrían aceptar pasivamente un futuro negro sin salida a la vista, las élites imperialistas golpeadas, desestabilizadas por la decadencia económica, sin proyectos de integración social podrían encontrar en la degradación integral de los de abajo (sus pobres internos y los pueblos periféricos) una riesgosa alternativa posible de supervivencia sistémica.

Autodestrucción.

El capitalismo como civilización ha ingresado en un período de declinación acelerada, una primera aproximación al tema muestra que nos encontramos ante el fracaso de las tentativas de superación financiera de la crisis que se desató en 2008 aunque una evaluación más profunda nos llevaría a la conclusión de que el objetivo anunciado por los gobiernos de los países ricos (la recomposición de la prosperidad económica) ocultaba el verdadero objetivo: impedir el derrumbe de la actividad financiera que había sido la droga milagrosa de las economías centrales durante varias décadas. Desde ese punto de vista la estrategias aplicadas fueron exitosas, consiguieron aplazar durante cerca de un lustro un desenlace que se acercaba velozmente cuando se desinfló la burbuja inmobiliaria norteamericana.

Una visión más amplia nos estaría indicando que lo ocurrido en 2008 fue el resultado de un proceso iniciado entre fines de los años 1960 y comienzos de los años 1970 cuando la mayor crisis económica de la historia del capitalismo no siguió el camino clásico (tal como lo mostró el siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX) con gigantescos derrumbes empresarios y una rápida mega avalancha de desempleo en las potencias centrales, sino que fue controlada gracias a la utilización de poderosos instrumentos de intervención estatal en combinación con reingenierías tecnológicas y financieras de los grandes grupos
económicos.

Esa respuesta no permitió superar las causas de la crisis, en realidad las potenció hasta niveles nunca antes alcanzados desatando una ola planetaria de parasitismo y de saqueo de recursos naturales que ha engendrado un estancamiento productivo global en torno del área imperial del mundo imponiendo la contracción económica del sistema no como fenómeno pasajero sino como tendencia de larga duración.

Se trata de un complejo proceso de decadencia, basta con repasar datos tales como el del volumen de la masa financiera equivalente a veinte veces el Producto Bruto Mundial y su pilar principal: el super endeudamiento público-privado en los países ricos que bloquea la expansión del consumo y la inversión, el de la declinación de los recursos energéticos tradicionales (sin reemplazo decisivo cercano) o el de la destrucción ambiental. Y también el de la transformación de las élites capitalistas en un entramado de redes mafiosas que marca con su sello a las estructuras de agresión militar convirtiéndolas en una combinación de instrumentos formales (convencionales) e informales donde estos últimos van predominando a través de una inedita articulación de bandas de mercenarios y
manipulaciones mediáticas de alcance global, "bombardeos humanitarios" y otras acciones inscriptas en estrategias de desestabilización integral apuntando hacia la desestructuración de vastas zonas periféricas. Afganistán, Iraq, Libia, Siria… México ilustran acerca del futuro burgués de las naciones pobres.

El área imperial del sistema se degrada y al mismo tiempo intenta degradar, caotizar al resto del mundo cuando pretende controlarlo, superexplotarlo. Es la lógica de la muerte convertida en pulsión central del capitalismo devenido senil y extendiendo su manto tanático (su cultura final) que es en última instancia autodestrucción aunque pretende ser una constelación de estrategias de supervivencia.

Autodestrucción sistémica global, insurgencias y utopías

Ciclo de Conferencias "Los retos de la humanidad: la construcción social alternativa".
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la
Universidad Nacional Autónoma de México, 23 al 25 de Octubre de 2012.

Fuentehttp://www.rosa-blindada.info/

lunes, 5 de noviembre de 2012

El “Sumak Kawsay” (“Buen vivir”) y las censuras del desarrollo


De todos los conceptos creados desde la positividad de la economía neoliberal, el concepto de crecimiento económico como base del desarrollo social es, de hecho, uno de los que más connotaciones simbólicas y políticas posee. Es un concepto hecho a la medida de las ilusiones y utopías del neoliberalismo y del capitalismo tardío. Con la misma fuerza que el creyente cree en la epifanía de la voluntad divina, el economista neoliberal, cree en las atribuciones y virtudes mágicas que tiene el crecimiento económico. Es una especie de doximancia en la que la sola enunciación del crecimiento económico se convertiría en taumaturgo de la realidad.

Esta noción del crecimiento económico recupera las necesidades políticas del neoliberalismo, y, para legitimarse, apela al concepto decimonónico e iluminista del "progreso". En efecto, desde esta perspectiva el crecimiento económico sería otro símbolo de progreso y éste, por definición, no admite discusiones. De esta manera, el neoliberalismo pretende tejer una solución de continuidad histórica con el iluminismo y con las promesas emancipatorias de la modernidad. En la simbólica moderna, toda persona, o todo pueblo, al menos teóricamente, quiere progresar, quiere "salir adelante"; quiere "superarse". Para el neoliberalismo, poner trabas al progreso es ser retardatario. Poner trabas al crecimiento es una aberración de los pueblos "atrasados" que, de forma imperativa, deben modernizarse. Oponerse al desarrollo, por tanto, es antihistórico. Estar en contra del crecimiento económico es síntoma y signo de oposición al cambio.

Pero el crecimiento económico, vale decir el desarrollo, por antonomasia es obra de los mercados y, a su vez, de las empresas privadas. La empresa privada (y en su forma más moderna: la corporación), gracias al discurso neoliberal del crecimiento económico se creen portadoras de una misión de trascendencia histórica: asegurar el cumplimiento de una de las promesas más caras de la modernidad capitalista: el progreso económico en condiciones de libertad individual.

En esta noción de crecimiento y desarrollo económico el discurso neoliberal crea un fetiche al cual rinde tributos, oraciones, y penitencias. El crecimiento económico, según la doctrina neoliberal, resolverá por sí solo los problemas de la pobreza, iniquidad, desempleo, falta de oportunidades, inversión, contaminación y degradación ecológica, etc.

El crecimiento económico se convierte en la parusía del capital. En el horizonte utópico hacia el cual necesariamente hay que llegar, a condición de que, obviamente, se dejen libres los mercados y que el Estado respete las reglas de juego del sector privado. En la teología del neoliberalismo, la parusía del crecimiento económico solo puede provenir de la mano invisible de los mercados. Gracias a esta noción de crecimiento económico, el neoliberalismo puede deconstruir aquellos modelos económicos y sociales que comprendían la intervención del Estado; y posicionar su proyecto político como un modelo de crecimiento por la vía de los mercados. El crecimiento económico, en las coordenadas teóricas y políticas del neoliberalismo, permite desarmar aquellas nociones de planificación social, de bienes públicos y solidaridades colectivas que formaron parte del debate político latinoamericano y mundial, antes de la "larga noche neoliberal".

Ahora bien, la teoría del crecimiento económico por la vía de los mercados y como base del desarrollo, es una invención reciente. Su formulación como parte de las teorías del desarrollo y su reformulación como propuesta de mercados libres y competitivos como único espacio histórico posible del desarrollo económico, está relacionada con la contrarrevolución monetarista de Friedman y de la Escuela de Chicago, producida en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

En realidad, el crecimiento como dispositivo conceptual del desarrollo neoliberal, es un argumento vacío. En efecto, el crecimiento económico, strictu sensu, no existe. Lo que existe es la acumulación del capital, y el capital no es ni una cosa ni un conjunto de objetos, es una relación social mediada por la explotación y la reificación. La acumulación del capital implica, por definición, la ampliación de las fronteras de la explotación y de la enajenación humana. A más crecimiento, más acumulación de capital, y, por tanto, más explotación, más degradación, más enajenación.

El desarrollo basado en la noción neoliberal del crecimiento económico, es un discurso mentiroso y encubridor de las relaciones de poder que genera la acumulación del capital en su momento especulativo. El crecimiento económico como teleología (o como finalidad) social y fetichismo de la historia es un dispositivo simbólico y epistémico que tiene una función política: aquella de generar los consensos necesarios para posibilitar la acumulación del capital en su momento especulativo y neoliberal.

Tiene también una función histórica: aquella de cerrar los espacios de posibles humanos en las coordenadas de la economía y del mercado. El neoliberalismo es el fin de la historia moderna. No hay nada más allá del fin de la historia: las utopías desaparecen y las metanarraciones de la modernidad se fragmentan. En el mundo neoliberal se han cumplido con las promesas emancipatorias de libertad y progreso. Sin embargo, esa libertad y progreso son puestas en las perspectivas del mercado y la libre empresa, y el ser humano que mide a su condición humana en la reificación de las cosas, ya fue cuestionado por los filósofos marxistas de la Escuela de Frankfurt, además, el discurso del crecimiento económico ha sido objeto de un intenso cuestionamiento, desde Iván Illich, Arnold Naess, Herbert Marcuse, hasta Arturo Escobar y Serge Latouche, entre otros. De esas críticas y cuestionamientos al discurso neoliberal del crecimiento económico, y utilizando una figura de la retórica que implica ruptura, interrupción y fisuras, habría de recordar aquellas cesuras que esta noción ha producido y cuyas connotaciones históricas y sociales son ineludibles a la hora de repensar al desarrollo y sus alternativas, sobre todo en momentos de fin de la historia y de posmodernidad neoliberal.

La primera de esas cesuras es cuando el discurso del crecimiento económico fragmenta y rompe la relación del ser humano con la naturaleza. Desde el proyecto de Descartes del hombre como"amo y señor de la naturaleza", hasta el informe de la Comisión Brundtland de 1986, pasando por la Cumbre de Río y las preocupaciones recientes sobre el calentamiento global, el desarrollo económico y el discurso del crecimiento, no han podido cerrar esa cesura. Todo lo contrario, ahora genera problemas que antes parecían inconcebibles.

La visión de los mercados como alternativa histórica para la relación hombre-naturaleza está ampliando esta cesura y presentándonos escenarios que antes nos habrían parecido impensables. Solo desde una visión de un extremo egoísmo con el presente, y absoluta enajenación con el futuro, puede pensarse que la producción de alimentos ahora sea para los autos y no para los seres humanos. Los biocombustibles ponen al discurso del crecimiento económico en la frontera final de la utilización de la naturaleza. ¿Qué viene después? ¿Quizá la privatización del aire? ¿La comercialización del clima, como lo pretende el proyecto HAARP?

Comprendemos, gracias a esa propuesta de privatización de la naturaleza, que el concepto de "desarrollo sustentable" de la Comisión Brundtland, nunca fue más que un simulacro, una expiación del capitalismo tardío en su hora neoliberal. Una coartada para los proyectos privatizadores del Banco Mundial. Sin embargo, el calentamiento global es una amenaza real. El capitalismo y su discurso del desarrollo, gracias a la cesura que se produjo cuando se instrumentalizó la naturaleza y se rompió la unidad del hombre con su entorno, están provocando una de las crisis más graves y profundas que pone en peligro a toda la existencia humana sobre la Tierra. En la perspectiva del mercado no hay posibilidades de frenar el cambio climático y el calentamiento global. Llegará un día en el que la humanidad tenga que optar entre la vigencia de los mercados capitalistas o su propia pervivencia. Llegará un día en el que los conocimientos y saberes ancestrales de los pueblos indígenas sean la única opción para salvar al planeta de la devastación provocada por el libre mercado.

Una segunda cesura del discurso del crecimiento económico y el desarrollo, es aquella relacionada con la ética. Ni el desarrollo, ni el crecimiento económico son éticos, y no pueden serlo, porque al incorporar variables éticas al crecimiento económico, éste corre el riesgo de entrar en serias contradicciones lógicas que pondrían en peligro la validez epistemológica de la economía en su conjunto.

El comportamiento maximizador del homo economicus está reñido con la ética, e impide la elección racional en mercados competitivos. Un consumidor ante una mercancía nunca piensa en los demás, sino en sí mismo. El momento en el que se atraviese en su elección individual cualquier preocupación ética por los demás, sus decisiones económicas se invalidan automáticamente. Para la teoría vigente del consumidor, que fundamenta a todo el edificio conceptual de la economía moderna, éstas no serían decisiones racionales.

Pensar de manera ética, por definición, es pensar en contra del mercado y del interés individual. Pensar éticamente no es racional, al menos en los contenidos que la economía entiende por "racional". Ética y crecimiento económico son dimensiones contrapuestas. La cesura con respecto a la ética, ha producido una instrumentalización del conocimiento, del saber social y de la convivencia humana.

Una sociedad que se dedica a la industria de la guerra, puede exhibir envidiables parámetros e indicadores de desarrollo económico, pero esa sociedad puede revelarse como un peligro para las demás. Mientras más crezca en términos económicos esa sociedad, más riesgos existen para la paz del mundo.

Una lección que el capitalismo quiere olvidar con la experiencia del nazismo en Alemania y la reconstrucción económica por la vía de la industria bélica. El profesor Galbraith, con su fina ironía, decía que los nazis, luego de haber resuelto el problema del desempleo en Alemania, se dedicaron a resolverlo en el resto de Europa y el mundo.

Esa cesura entre la ética y el "crecimiento" hace que en la subjetividad del capitalismo, el fin justifique los medios y que al final la ética aparezca como recurso estratégico en la necesidad de legitimar al poder. No hay que olvidar que el índice de crecimiento de los mercados de Defensa (el índice Spade Defense) ha crecido una media del 15% entre los años 2001 y 2006, gracias a la "guerra en contra del terrorismo", y que esta guerra ha provocado el aparecimiento de graves atentados a los derechos humanos fundamentales en todas partes del mundo.

¿Es posible, entonces, devolver la ética a la convivencia humana? La respuesta aparece condicionada a la existencia de los mercados como reguladores sociales e históricos. Los mercados no son espacios para la ética. Son espacios para el lucro individual y la acción estratégica. Rescatar la ética implica superar al mercado. Los mercados al instrumentalizar la ética ponen en riesgo la paz del mundo y las condiciones de una convivencia pacífica entre los pueblos.

Una tercera cesura del discurso del desarrollo y el crecimiento económico es con la historia y cultura propias de los pueblos. El desarrollo y el crecimiento económico vacían de contenidos a esas historias y culturas y los llenan con aquellos que se considera válidos desde la lógica de la rentabilidad, el corto-placismo, el egoísmo y el cálculo estratégico. Cuando el crecimiento económico se aproxima a sociedades o pueblos que no están contaminados de modernidad ni desarrollo económico, los fagocitan en función de las necesidades de la acumulación del capital, y colonizan aquello que Habermas denomina el "mundo de la vida".

Para el crecimiento económico, las costumbres tradicionales de los pueblos y sus culturas son obstáculo que hay que superar eliminándolas por medio de estrategias de modernización. En las coordenadas del mercado, no pueden subsistir las diferencias culturales, a condición de que se conviertan en excelentes mecanismos de mercadeo. El desarrollo y el crecimiento económico no tienen idea de lo que significa el respeto cultural, y la convivencia en contextos de diversidad social y cultural. Los mercados no soportan la diversidad humana. La extraordinaria diversidad cultural de los pueblos del mundo es una amenaza que debe ser controlada. El mundo liso y llano de Burguer King, de Nike, de Mc Donalds, de Coca Cola, de Wal-Mart, etc., es la apuesta por colonizar esa diversidad cultural e integrarlas al capitalismo como otra dimensión del mundo corporativo.

Una cuarta cesura es, paradójicamente, con la misma economía. Aunque parezca inverosímil, el desarrollo económico más que provocar el crecimiento económico para toda la sociedad, en realidad lo que consigue es la administración política de la escasez. El discurso neoliberal del crecimiento económico es un discurso de la escasez. El mecanismo de los precios como taumaturgos de la realidad, es la expresión del control político a la escasez. De hecho, todo el discurso de la economía neoliberal está construido sobre las nociones de la escasez.

Los conceptos del neoliberalismo (entre ellos los conceptos de precios como costo marginal, el concepto de agente maximizador, de rendimientos decrecientes, de equilibrio general, de curvas de indiferencia, etc.) son conceptos que relevan de una analítica de la escasez. No se trata de la existencia o constatación de una situación de escasez, sino de su racionalización y operacionalización política por medio del poder, y la economía, de este modo, se convierte en otra forma de ejercer el poder. El desarrollo crea escasez. El desarrollo y el crecimiento económico crean pobreza. La pobreza es inherente al desarrollo y al crecimiento económico. Toda la estrategia de ajuste y reforma estructural del FMI y del Banco Mundial, y su terapia de shock, provocaron artificialmente la escasez, y provocaron y exacerbaron la pobreza como requisito ineludible para que puedan operar las leyes del mercado capitalista.

Pensar que el crecimiento económico puede resolver los problemas de la pobreza es ingenuo, primero porque se tiende a pensar a la pobreza en términos de economía (el dólar diario del Banco Mundial), cuando en realidad es un fenómeno político; y, segundo, porque se supone que la pobreza puede ser superada desde la misma economía (por ello Marx se resistía a hablar de pobreza, para él la pobreza era una manifestación social e histórica de la explotación, lo que había que resolver era la explotación humana emancipando al trabajo, y no como ahora lo pregona el poder con microfinanzas o microempresas), cuando debería superarse desde la política.

Ninguna sociedad, incluida aquellas que puedan autodenominarse como "desarrolladas" han resuelto los problemas de la pobreza, y menos aún de la explotación. El discurso de la economía neoliberal como analítica de la escasez sirve de cobertura y coartada para ocultar la distribución de la renta social. Si toda la sociedad participa en la producción del excedente social, lo lógico sería esperar que el discurso del desarrollo y el crecimiento económico resuelvan la distribución y participación de toda la sociedad de este excedente. Gracias al discurso neoliberal del crecimiento económico, el excedente social se privatiza y la escasez se convierte en el mejor argumento de control político que asegura la privatización de la riqueza social.

Una quinta cesura, y quizá de las más graves, es la colonización epistémica. Cuando se asume al discurso del desarrollo y del crecimiento económico, es imposible ver al mundo de otra manera. Quizá Wallerstein tenga demasiada razón cuando nos propone "impensar las ciencias sociales". Para Wallerstein, el desarrollo es un "mito organizacional". La colonización epistemológica provoca la indiferencia hacia aquellos saberes que no relevan de los marcos teóricos dados por la modernidad y por el desarrollo, y también provoca la destrucción de esos saberes, sobre todo cuando empiezan a convertirse en peligrosos. En una expresión fuerte y cargada de simbolismo y de razón, Boaventura de Souza Santos los llama "epistemicidios".

La colonización epistemológica producida por el discurso del crecimiento económico ha neutralizado la capacidad que tendría la humanidad en repensar las alternativas al capitalismo. Quizá es más difícil desaprender que aprender. Para salir de esta colonización, quizá sea necesario un largo trabajo de olvido sobre todo aquello que aprendimos a propósito del desarrollo y del crecimiento. Superar esta cesura epistémica es una de las tareas más complejas del presente porque la razón siempre es autorreferencial, y la analítica del crecimiento económico ha hundido sus raíces en la episteme moderna incluida en sus propuestas emancipatorias.

Todos estos procesos no pueden mantenerse sin la utilización estratégica de la violencia. El libre mercado necesita de la violencia como la vida necesita del oxígeno. A más libre mercado más violencia. Todas las reformas neoliberales del crecimiento económico han sido impuestas y se mantienen desde la violencia. La violencia asume el formato de la política como una extensión de la guerra, y ésta como una condición hobbesiana de existencia. El desarrollo y el crecimiento económico fragmentan al hombre de su sociedad y lo inscriben en una relación marcada, precisamente, por la violencia. La libertad de los mercados implica cárceles, persecución, terrorismo de Estado, torturas, genocidios, impunidad. El crecimiento económico es violento por naturaleza. Generar violencia y administrarla políticamente, bajo una cobertura de democracia, ha sido uno de los desafíos más importantes del neoliberalismo. El concepto neoliberal que permitió la domesticación de la política, incluido el sometimiento de la democracia a las coordenadas del mercado, ha sido aquel del Estado social de derecho.

Es necesario cerrar estas cesuras. Está en juego la pervivencia del hombre sobre la Tierra. El discurso neoliberal del desarrollo basado en el crecimiento económico no puede tener una segunda oportunidad. Si se la damos quizá sea demasiado tarde para nuestro futuro. Su legado de destrucción ambiental, degradación humana, violencia social, colonización de las conciencias, terrorismo de Estado, genocidios, expulsión de pueblos enteros, guetización, entre otros aspectos, hacen imperativo (casi como los imperativos morales de Kant), que busquemos alternativas al desarrollo en su conjunto.

El Presidente boliviano Evo Morales, indígena de procedencia aymara, ha dicho que hay que pensar en superar al capitalismo como sistema social e histórico. Los indígenas del Ecuador, a inicios de los noventa, y en la línea de repensar las alternativas al capitalismo como sistema, produjeron uno de los conceptos políticos más complejos de la era presente: el Estado Plurinacional, que obliga a reconsiderar los contenidos que fundamentan al contrato social y a la sociedad en su conjunto. Los zapatistas mexicanos desafiaron a las tradicionales teorías del poder cuando expresaron su mandato político como: "mandar obedeciendo".

Son los mismos indígenas de Bolivia, Ecuador, y Perú, los que ahora proponen un concepto nuevo para entender el relacionamiento del hombre con la naturaleza, con la historia, con la sociedad, con la democracia. Un concepto que propone cerrar las cesuras abiertas por el concepto neoliberal del desarrollo y el crecimiento económico. Han propuesto el "sumak kawsay", el"buen vivir".

Es probable que la academia oficial, sobre todo aquella del norte, sonría condescendiente, en el caso de que logre visibilizar al concepto del buen vivir, y que lo considere como un hecho anecdótico de la política latinoamericana. Sin embargo, es al momento la única alternativa al discurso neoliberal del desarrollo y el crecimiento económico, porque la noción del sumak kawsayes la posibilidad de vincular al hombre con la naturaleza desde una visión de respeto, porque es la oportunidad de devolverle la ética a la convivencia humana, porque es necesario un nuevo contrato social en el que puedan convivir la unidad en la diversidad, porque es la oportunidad de oponerse la violencia del sistema.

Sumak kawsay es la expresión de una forma ancestral de ser y estar en el mundo. El "buen vivir" expresa, refiere y concuerda con aquellas demandas de "décroissance" de Latouche, de "convivialidad" de Iván Ilich, de "ecología profunda" de Arnold Naes. El "buen vivir" también recoge las propuestas de descolonización de Aníbal Quijano, de Boaventura de Souza Santos, de Edgardo Lander, entre otros. El "buen vivir", es otro de los aportes de los pueblos indígenas del Abya Yala, a los pueblos del mundo, y es parte de su largo camino en la lucha por la descolonización de la vida, de la historia, y del futuro.

Es probable que el Sumak Kawsay sea tan invisibilizado (o lo que es peor, convertido en estudio cultural o estudio de área), como lo fue (y es) el concepto del Estado Plurinacional. Mas, en la prosa del mundo, en su signatura de colores variados como el arcoiris, en su tejido con las hebras de la humana condición, esa palabra, esa noción del "buen vivir", ha empezado su recorrido. En los debates sobre la nueva Constitución ecuatoriana, junto a los derechos de la naturaleza y el Estado Plurinacional, ahora se ha propuesto el Sumak Kawsay como nuevo deber-ser del Estado Plurinacional y la sociedad intercultural. Es la primera vez que una noción que expresa una práctica de convivencia ancestral respetuosa con la naturaleza, con las sociedades y con los seres humanos, cobra carta de naturalización en el debate político y se inscribe con fuerza en el horizonte de posibilidades humanas.

- Pablo Dávalos es economista y profesor universitario ecuatoriano.

domingo, 21 de octubre de 2012

Más allá del Derecho a la Vivienda y el Hábitat:

Experiencias de comunidades Mexicanas
Lunes 22 de Octubre de 2012 a las 6:30 p.m. Aula 2
Escuela de Derechos Humanos, Parque Carabobo.

Con nuestro invitado especial:
Arquitecto José Salceda, de la UNAM de México

Conoce los temas de  Arquitectura y derecho participativos construidos desde abajo y a partir del valor de uso (de las necesidades de las comunidades y de su satisfacción). Trabaja con el movimiento urbano-popular de la ciudad de México, pero igual en comunidades indígenas y en provincia, en actividades de recuperación ecológica y restauración del ambiente y en temas de tecnologías alternativas para el "Buen Vivir". La producción social del espacio. Activista social y  dirige la maestría de urbanismo en la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Contribuye con el Tribunal Popular de los Pueblos-Capítulo Mexico en los casos y audiencias de urbanización salvaje y devastación ambiental en general.

Asiste!!!

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Dubraska Hernández Gutiérrez
@DubraskaesLibre

lunes, 15 de octubre de 2012

¿Poder popular bajo el capitalismo?”: Iñaki Gil de San Vicente


Una de las grandes deficiencias de la mayoría inmensa de las izquierdas occidentales es que ha roto la fusión cotidiana entre, por un lado, la crítica teórica, política, cultural, ética, etcétera, del capitalismo, y por otro lado, la lucha práctica por la creación de otras formas alternativas de vida, de autoorganización popular y obrera, de experimentación de otro modelo social opuesto al dominante. Tal fusión ha sido una constante que podemos rastrear desde las luchas campesinas y urbanas en el medievo, cuando las masas explotadas intentaban materializar utopías igualitaristas y milenaristas "así en la tierra como en el cielo", hasta ahora mismo en muchas partes del mundo en donde los pueblos trabajadores han de resistir a la devastadora crisis autorganizándose para satisfacer sus necesidades aplastadas por el capital.

A lo largo de estos tiempos, los movimientos campesinos, populares y obreros, y las izquierdas revolucionarias más consecuentes, han mantenido en la medida de sus posibilidades la decisión de forzar el modo de explotación, vida y reproducción social dominante en esos momentos, forzarlo más allá de lo permitido por el poder. Por ejemplo, el cooperativismo, la cooperación en general, la ayuda mutua autoorganizada, la reciprocidad y el trueque en cualquiera de sus formas, las redes sociales con poca o nula mercantilización interna, estas y otras prácticas que, como hemos dicho ya aparecen en el medievo de forma utópica y con el capitalismo industrializado se han practicado y teorizado no sólo como formas de resistencia transitoria a las privaciones impuestas por la explotación sino también –y esto es decisivo- como embriones experimentales de otra forma social opuesta a la explotadora.

Dentro de las corrientes progresistas y socialistas, y en especial en las anarquistas y marxistas, pero también en las sociacristianas y reformistas, ha existido y existe la certidumbre de que la mera resistencia economicista, centrada en la exclusiva defensa de los derechos laborales y salariales alcanzados apenas sirve para detener la ferocidad creciente de una patronal envalentonada. En el anarquismo y en el marxismo, muy especialmente, esta certidumbre va unida a la de la necesidad de avanzar en otras salidas materiales a la crisis y a los ataques del capital, consistentes en fusionar la lucha política y teórica radical con la autoorganización material expresada en las prácticas asociativas citadas genéricamente arriba. En las corrientes reformistas y socialcristianas esta perspectiva está amputada de todo contenido y finalidad revolucionaria, limitándose a buscar la mejora del sistema mediante la paulatina superación pacífica y gradual de sus componentes "malos", desarrollando los "buenos".

Centrándonos ya en la izquierda revolucionaria, la historia muestra que ésta se ha esforzado en simultanear cuatro prácticas decisivas para el avance de la emancipación: la crítica práctica del sistema mediante la experimentación de embriones de protosocialismo inseparablemente unidos a la aparición de formas de contrapoder y de doble poder; la crítica política tendente a la destrucción del poder explotador y a la creación de un poder popular y obrero imprescindible para superar el capitalismo; la crítica teórica destinada a mejorar la praxis socialista en su conjunto y a desmontar la ideología burguesa; y la crítica ético-moral destinada a superioridad cualitativa del humanismo comunista sobre el humanismo burgués. No hace falta decir que esta cuádruple práctica se desarrolla con ritmos diferentes según contextos y circunstancias que no podemos analizar ahora.

Pero sí hay que decir que desde la mitad del siglo XX en adelante, el grueso de la izquierda occidental ha despreciado o abandonado esta cuádruple acción, limitándose en la mayoría de los casos al apocado y respetuoso parlamentarismo dentro del ordenamiento burgués, aceptándolo de facto, cuando no defendiéndolo públicamente ayudando a la burguesía en la represión de las fuerzas revolucionarias. Ahora esta izquierda, y sus sucesores nominales y herederos ideológicos, pagan las consecuencias de aquella mansedumbre y de aquél colaboracionismo encubierto o descarado. Tantos años de mansedumbre práctica, política, teórica y ético-moral ante la injusticia han debilitado y envejecido al máximo a su otrora fuerte y joven militancia, también le han aislado y separado de las resistencias y luchas que emergen aquí y allá, y han destruido su dignidad crítica y orgullo insurgente. La izquierda occidental no recuerda ya lo decisivo que es el proceso que va del contrapoder al poder popular y obrero.

2.-

La defensa economicista y democraticista contra la involución reaccionaria que avanza como una apisonadora sigue siendo tan necesaria como siempre lo fue. Nadie lo niega, y quien lo hiciere sería un suicida. Pero ella sola no detendrá nunca al monstruo; tal vez pueda retrasar en algo su avance, pero casi de inmediato la fiera multiplicará su brutalidad para recuperar el tiempo perdido y ampliar exponencialmente sus ganancias. Incluso aunque parte de la burguesía optase por una política débilmente neokeynesiana y de socialiberalismo menos cínico, incluso así la sola resistencia obrera y popular no detendría los ataques antisociales. Toda mentalidad defensista está condenada al fracaso y a preparar la derrota. De lo que se trata es de revertir en defensivo en ofensiva, en ataque cuádruple: construir embriones de protosocialismo; avanzar hacia el poder popular y obrero; enriquecer la teoría, y superar éticamente a la irracionalidad egoísta burguesa.

La cuádruple práctica debe plasmarse en el proceso que iniciándose en los contrapoderes locales que vamos conquistando con nuestras luchas debe llegar a la construcción de un Estado obrero controlado desde fuera por un poder popular independiente y crítico, que vigile atentamente mediante la democracia socialista que ese Estado no degenere en una casta burocrática corrupta. Pero lo que ha de caracterizar esencial e internamente a todas las múltiples facetas y niveles de este proceso, así como a la cuádruple práctica descrita, es, sencillamente expuesto, la prioridad de la experiencia colectiva del pueblo, de la praxis colectiva que tienda a acortar en lo posible la inevitable y lógica distancia que existe entre los niveles más concienciados del pueblo trabajador y la militancia organizada en colectivos exigentes en la calidad humana de sus miembros. Lo que ha de conectar a todas las pares del proceso es la decisión ilusionada y autocrítica por derrotar al imperialismo franco-español, por alcanzar la independencia socialista vasca como parte de la liberación general humana. Lo que debe ser la columna vertebral del proceso es su voluntad ofensiva, activa, constructora ahora mismo, en el presente, de algunos de los cimientos del futuro, no de todos porque eso es obviamente imposible, sino de aquellos que puedan serlo.

Las bases decisivas de la independencia socialista y antipatriarcal vasca, como de cualquier otro pueblo ocupado, solamente podrán ir siendo construidas inmediatamente después de ser conquistado el Estado obrero vasco. Sin embargo, para llegar a este punto crítico de inicio también hay que construir otras bases previas, bases que demuestren al pueblo trabajador no sólo que es capaz de lograrlo sino que a la vez le demuestre que no tiene otra alternativa si es que en verdad quiere dejar de malvivir bajo la explotación. Para aprender a bucear, hay que echarse al agua, y es caminando como se aprende a correr. Que la izquierda occidental haya olvidado este principio elemental de la praxis no quiere decir que lo olvidemos nosotros. Quiere decir que no lo repitamos. Teniendo esto en cuenta, ya desde ahora mismo debemos pasar a la ofensiva de masas, popular y obrera, contra la opresión, lo que significa que debemos extender e intensificar la creación de contrapoderes locales que formen las bases iniciales para nuevos adelantos.

3.-

Es contrapoder todo colectivo que en su campo específico de lucha sea capaz de obligar al poder que le explota a negociar con él, o al menos a tenerle en cuenta en el momento de elaborar nuevos planes antisociales, restrictivos, autoritarios. Un contrapoder, por ejemplo, es una asamblea obrera, vecinal, estudiantil, etc., suficientemente estable y autoorganizada que ha desarrollado la fuerza suficiente como para, al menos, ser temida por la patronal, por el ayuntamiento, por el rectorado universitario, de tal modo que no tienen más remedio que tenerla en cuenta siquiera preventivamente cuando urden nuevas injusticias. Otro ejemplo, un contrapoder es un colectivo de mujeres que con sus denuncias y movilizaciones expulsan de sus barrios y/o trabajos a violadores, agresores y otros machistas. Un contrapoder es, por tanto, un colectivo oprimido con poder suficiente para debilitar en algo o en mucho al poder explotador.

Bajo los demoledores ataques de la crisis capitalista, los contrapoderes han de avanzar además en el desarrollo de propuestas prácticas que superen las limitaciones insalvables de las leyes burguesas que sufren en concreto, demostrando mediante la pedagogía de la acción práctica que se puede ir construyendo las bases, los embriones, de una sociedad superior. Por ejemplo, leyes contra los abusos financieros y bancarios, contra el poder de la propiedad burguesa, contra la tiranía de las grandes redes de distribución y de las inmobiliarias que destrozan la vida colectiva de los vecinos, contra los desahucios, contra la privatización de la enseñanza, contra el retroceso de lo derechos sociales colectivos y contra el avance de la violencia patriarcal en cualquiera de sus formas, y un inacabable etcétera.

En toda nación oprimida, los contrapoderes han de reivindicar con requisito esencial la conquista del derecho de autodeterminación como irrenunciable garantía de calidad democrática, porque tal derecho es la plasmación a nivel general del derecho de autoorganización, autogestión y autodefensa que ese contrapoder específico ejercita en su misma autodeterminación cotidiana, diaria.

Pero el contrapoder tiene como única garantía de supervivencia su inclusión en una red más amplia que se materializa en grandes áreas sociales, de masas, de doble poder parcial. Un doble poder parcial es, por ejemplo, la fuerza movilizadora, política, teórica y ética de los movimientos populares capaces de condicionar a instituciones locales, provinciales, regionales, autonomistas y en su fase decisiva, al gobierno. Una situación de doble poder es aquella en la que el poder opresor y el poder liberador disponen de fuerzas similares en las cuestiones que les enfrentan, llegando incluso a un inestable y breve equilibrio de fuerzas que debe decantarse en uno u otro sentido opuesto en poco tiempo. Aunque parezca increíble, situaciones de estas son relativamente frecuentes en las luchas sociales, pero las gentes lo desconocen debido a la nefasta política de amnesia e ignorancia aplicada por el reformismo, que reduce las situaciones de doble poder, desnaturalizándolas, a pobres momentos de negociación a la baja, cuando en realidad había condiciones para la victoria, o al menos la suficientes para evitar la derrota.

En el proceso de ascenso de los contrapoderes a situaciones de doble poder, es de vital importancia el desarrollo de prácticas socioeconómicas, asociativas, comunales, de ayuda mutua, culturales, deportivas, etc., que conscientemente quieran ser embriones de una sociedad mejor, y que por eso demuestren con la pedagogía de la acción que se puede y se debe construir un modelo social cualitativamente superior al capitalista. Por ejemplo, una cooperativa de producción y consumo que se guíe por la teoría del cooperativismo socialista, por la ética humana de la ayuda mutua y de la desmercatilización, del internacionalismo proletario, etc., esto pequeño paso es un importante contrapoder material y simbólico que atrae la atención del pueblo, que abre caminos esperanzadores y que destroza las mentiras burguesas sobre la natural eternidad de la explotación asalariada, la opresión nacional y la dominación patriarco-burguesa.

Pero, al final, lo decisivo e irrenunciable es la cuestión del poder político. La política es la quintaesencia de la economía, y por tanto, cuando las situaciones de doble poder parcial se generalizan aparece como exigencia crítica la conquista del poder no sólo gubernativo sino estatal, la creación de un Estado obrero independiente. En la medida en que con anterioridad se haya recuperado la práctica de todo lo relacionado con los bienes comunes, la desmercantilización, la primacía del valor de uso sobre el valor de cambio, la coherencia y rectitud, etc., en esta medida habrán germinado embriones de protosocialismo que crecerán al calor de la política impulsada por el Estado obrero. Nunca hemos de dejar de insistir en que la esencia del problema radica en la conquista de la independencia estatal, del poder del pueblo trabajador, y mientras que éste no esté asegurado las conquistas parciales anteriores siempre estarán en peligro de exterminio sangriento.

Nota, este breve texto fue escrito para una revista vasca, por lo que llevaba el título de¿Poder Popular bajo el imperialismo franco-español?, pero al colgarse ahora en la red se ha decido generalizarlo al conjunto del sistema explotador para que se comprendiese rápidamente su contenido.

EUSKAL HERRIA 27-IX-2012

“El valor de uso y el proyecto crítico de Marx”: Andrés Barreda

El discurso crítico de Marx no se reduce sólo a la "lucha de clases" y a la "dictadura del proletariado", muy por el contrario su visión crítica sobre la modernidad capitalista es de alcances aún más amplios y aún más agudos. En efecto, en tanto que discurso que pretende ser revolucionario, no cesa en su asedio al discurso dominante, siendo una mediación esencial para el desciframiento de las mistificaciones que componen a la sociedad burguesa. En ese sentido, lo que tiene que ofrecer el discurso marxiano es un "teorema crítico" (B. Echeverría) que permite ir desmontando todas las contradicciones que sustentan el dominio capitalista. Uno de los ejes de ese "teorema" es el valor de uso, piedra angular en la construcción de la teoría del valor de Marx, que junto con el concepto de valor, ayudan a desentrañar el conflicto contradictorio que fundamenta la explotación del trabajo por el capital. En efecto, "la clave" para descifrar el entramado burgués de reproducir lo social, es entender la contradicción entre el valor de uso y el valor. Por lo que, en este episodio se comentan las reflexiones que el Dr. Andrés Barreda, uno de los especialistas más importantes en México sobre el tema, ha realizado respecto al valor de uso, como concepto estructurador de toda la crítica de la economía política y sus diversas expresiones dentro de los marxismos.



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viernes, 12 de octubre de 2012

“El derecho a la ciudad”: David Harvey

Vivimos en una era en la que los ideales de los derechos humanos se han colocado en el centro de la escena tanto política como éticamente. Se ha gastado una gran cantidad de energía en promover su significado para la construcción de un mundo mejor, aunque la mayoría de los conceptos que circulan no desafían fundamentalmente las lógicas de mercado liberales y neoliberales o los modos dominantes de legalidad y de acción estatal. Vivimos, después de todo, en un mundo en el que los derechos a la propiedad privada y el benefició aplastan todas las demás nociones de derechos.

Quiero explorar aquí otro tipo de derecho humano, el derecho a la ciudad. ¿Ha contribuido el impresionante ritmo y escala de urbanización de los últimos cien años al bienestar humano? La ciudad, en palabras del sociólogo urbano Robert Parker, es


"el intento más exitoso del ser humano de rehacer el mundo en el que vive de
acuerdo con el deseo más íntimo de su corazón. Pero si la ciudad es el mundo
que el ser humano ha creado, es también el mundo en el que a partir de
ahora está condenado a vivir. Así pues, indirectamente y sin un sentido nítido
de la naturaleza de su tarea, al hacer la ciudad, el ser humano se ha rehecho
a sí mismo".


La cuestión de qué tipo de ciudad queremos no puede estar divorciada de la que plantea qué tipo de lazos sociales, de relaciones con la naturaleza, de estilos de vida, de tecnologías y de valores estéticos deseamos.

El derecho a la ciudad es mucho más que la libertad individual de acceder a los recursos urbanos: se trata del derecho a cambiarnos a nosotros mismos cambiando la ciudad. Es, además, un derecho común antes que individual, ya que esta transformación depende inevitablemente del ejercicio de un poder colectivo para remodelar los procesos de urbanización.

La libertad de hacer y rehacer nuestras ciudades y a nosotros mismos es, como quiero demostrar, uno de nuestros derechos humanos más preciosos, pero también uno de los más descuidados.

Desde sus inicios, las ciudades han surgido mediante concentraciones geográficas y sociales de un producto excedente. La urbanización siempre ha sido, por lo tanto, un fenómeno de clase, ya que los excedentes son extraídos de algún sitio y de alguien, mientras que el control sobre su utilización habitualmente radica en pocas manos. Esta situación general persiste bajo el capitalismo, por supuesto; pero dado que la urbanización depende de la movilización del producto excedente, surge una conexión íntima entre el desarrollo del capitalismo y la urbanización. Los capitalistas tienen que producir un producto excedente a fin de producir plusvalor; éste a su vez debe reinvertirse para generar más plusvalor. El resultado de la reinversión continuada es la expansión de la producción de excedente a un tipo de interés compuesto, y de ahí proceden las curvas logísticas (dinero, producción y población) vinculadas a la historia de la acumulación de capital, que es replicada por la senda de crecimiento de la urbanización en el capitalismo.

La perpetua necesidad de encontrar sectores rentables para la producción y absorción de capital excedente conforma la política del capitalismo y enfrenta al capitalista con diversas barreras a la expansión continua y libre de inconvenientes. Si el trabajo es escaso y los salarios son altos, o bien el trabajo existente tiene que ser disciplinado –normalmente los dos métodos más comunes son provocar un desempleo inducido tecnológicamente o asaltar el poder de la clase obrera organizada–, o bien deben encontrarse nuevas fuerzas de trabajo mediante la inmigración, la exportación de capital o la proletarización de elementos de la población hasta ese momento independientes. Los capitalistas deben también descubrir nuevos medios de producción en general y nuevos recursos naturales en particular, lo cual presiona de modo creciente sobre el entorno natural a la hora de obtener las materias primas necesarias y absorber los residuos inevitables. Los capitalistas necesitan también descubrir nuevas áreas de extracción de recursos naturales, tarea que es con frecuencia el objetivo de los esfuerzos imperialistas y neocoloniales.

El derecho a la ciudad

Fuentehttp://newleftreview.es/


martes, 2 de octubre de 2012

Mañana miércoles 03 de octubre, 4:00 pm_Conferencia "Capriles Radonski y su campaña presidencial 'made in USA'".



La subordinación ideológica y política de la campaña de Capriles Radonski respecto de la praxis capitalista y oligarca estadounidense viene siendo brillantemente develada por el Comandante de la Revolución y Candidato de la Patria Hugo Chávez.

No obstante, en términos semióticos, los maridajes de la campaña de Capriles y las producidas por los centros de marketing político todavía ofrecen mucha tela que cortar.

Mostraremos y leeremos el discurso implícito de algunas muy interesantes "coincidencias" semióticas que evidencian el seguidismo no sólo político-ideológico sino también estético/ simbólico de la campaña de propaganda de Capriles respecto de anteriores campañas de la derecha imperial mundial, y especialmente estadounidense.

Este evento tendrá como invitado a Luis Delgado Arria, Licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela con Maestría en Literatura Latinoamericana y Estudios Culturales (2002), Universidad de Pittsburgh y Doctorando en Filosofía en la Universidad de Pittsburg.


lunes, 1 de octubre de 2012

Conferencia: Los Proyectos Imperialistas para América Latina (El viernes 5 de octubre de 2012, en la sala C, piso 6 de Fundación Celarg, 6:00 p.m.)

 Este evento tendrá como invitados al escritor y ensayista Luis Britto García y al historiador Gerónimo Pérez Rescaniere.

La actividad está organizada por la Red de Escritoras y Escritores Socialistas de Venezuela y la Cátedra Internacional Ludovico Silva de la Fundación Celarg. Entrada libre.

domingo, 30 de septiembre de 2012

MAÑANA: Conversatorio: “La Crisis política en las sociedades del capitalismo avanzado. ¿Como construir el socialismo del Siglo XXI en el mundo actual?”


Con la participación: 
De la "Red de solidaridad Australia – Venezuela" y compañeros de Grecia, Dinamarca, México, Brasil.

Lunes 01 de octubre 2012

A las 6pm

En el Ateneo Popular
Calle Vargas. Entre Las Ciencias y El Estadium, Estación Metro Ciudad Universitaria.
Los Chaguaramos. Caracas.